Es dura la vida del estudiante de Artes. Durísima. Si acaso después de todo el cine independiente, de escuchar los 4'33'' de absoluto silencio de John Cage y poner cara de moderno, de recorrer vernisasssshes donde reparten vino tóxico, después de todo, si uno sobrevive a todo eso, luego cae en las oscuras y crueles garras de las obras off-Corrientes (off-Corrientes, como en off-Broadway, claro chichises, qué gracia tendría inventar algo nuevo).
No se dejen estafar por una cosa horrenda que se llama "El juego del elástico", que bajo una supuesta modernidad (moderno = no se entiende un cazzo) disfraza la legitimación de los estereotipos más rancios. Claro, ya no la dan más, este post estaba en el arcón de los drafts desde el año pasado y hoy lo desempolvé, lo vi lindo, publicable, y lo puse; pero de la obra, si se les ocurre reponerla, uds huyan.
en fin
Le cuento a F. de cierto acontecimiento que me dejó boquiabierta y mal parada, y sin saber cómo comportarme o qué hacer.
me dice F. :
mi amiga fulana, que es psicóloga (cuando no) dice que es porque no sabemos ser mujeres
No sabemos ser mujeres. Qué lo parió.
Y yo pensaba que justo antes, de camino a casa, en la juguetería de la otra cuadra tenían en la vidriera disfraces para los actos escolares, uds saben, granaderos, sanmartines, chinas, gauchos y esas cosas y yo pensaba que nunca fui dama antigua. No señor, a mi me han tocado los peores papeles en la historia de los actos escolares. Hice de gaucho (había pocos varones), de vieja loca corriendo ratones con un cuchillo más grande que mi propio brazo (al compás de Three blind mice, threee blind mice, they all ran after the farmer's wife, who cut off their tails with the carving knife), de Guatemala, para un 12 de Octubre (Guate-mala, estamos?), y bueno, eso es como que te marca en la vida.
La primavera alfonsinista. El pop. La alegría. Los raros peinados nuevos. Las hombreras, los lunares, el fluo. La Rock & Pop, me hacen falta vitaminas, la híper, el divorcio, los australes, el sida como algo que sonaba tan lejano, el plan Megatel, los monólogos de Tato los domingos a la noche, Pumper Nic, las Commodore 64, un país que se pensaba tan pobre que repartía cajas PAN porque todavía no sabía cuánto más pobre podía ser aún, los sin techo como tragedia excepcional y no como norma, el teléfono a disco, los públicos naranjas, los cuatro canales de aire y el 2 que no se ve porque transmite desde La Plata, un país sin call centers, sin mensajes de texto, sin soja. Y sin embargo, todos tan felices. Calabromas, el dólar paralelo, Olmedo, los arbolitos, Moria, el destape a la criolla, A vos no te va tan mal gordito, Tubby 3 y Tubby 4 (vamos unidos a los bolsillos de una ciudad soleada), los videoclubes, el squash, conmigo o sinmigo, La Noticia Rebelde, re-copante, Ubaldini, el terremoto que iba a sacudir América entera el 7 de mayo del 88 según Nostradamus, Puenzo y el Oscar, el Loco Chavez, se come, se cura, se educa, Arnaldo André (y el cachetazo), tirá para arriba tirá, la revista Humor, la Emanuelle (otra que la Cosmo), los new romantics, las calzas, Aerolineas Argentinas la poderosa sensación de volar, Pelito, The Embers, las pistas de patinaje, Hitachi que bien se te ve, el Renault Fuego, Nintendo, adiós todo eso, adiós años 80, adiós infancia, adiós primavera, adiós Alfonsín.