noviembre 09, 2007

Por hoy, dejamos acá

Como esto de más abajo, lo del psiquiatra, ha levantado cierto revuelo en la tribuna psicoprogre (me gustaría decir psicobolche, pero esperaremos la rentrée) voy a tratar de explicarme. Mi única amiga cuerda, F -bah, eso de que está cuerda, veremos, yo creo que está tan loca como el resto pero está conteniéndose- decía entonces, mi cuerda amiga F me mira, ceja en alto y dice que todo hay que probar. Que estoy negada. Que soy terca (bueno, eso es cierto, pero ahí donde otros ven tozudez, yo veo principios). Yo quisiera a continuación referirles, a vos, F, y al escaso -pero selecto!- público mis experiencias en el mundo psi, para que luego no digan que no lo he intentado...


1. Marzo de 1981. Ingreso a preescolar: Ok, lo repito por si lo pasaron por alto: exámen de ingreso a preescolar. PREESCOLAR ¿estamos? Miren qué nicho inexplotado por el Instituto Junín. Aulas enteras de niños de cuatro años estresados por no fallarles a sus padres. En fin. Resulta que cumplo años cerca de la mitad del año, después que la mayor parte de mi clase. Como yo era más chiquita que el resto, para ver si estaba apta o debía esperar un año más me entrevistó -lo que sea que eso quiere decir aplicado a una niña de esa edad- una psicopedagoga (variante chonga del psicoterapeuta, invariablemente mujer) que me hizo dibujar un rombo y cortar las diferentes partes de una guarda griega siguiendo el diseño. Es un hecho por todos conocido que el saber qué forma tiene un rombo es una prueba absoluta de madurez emocional y la garantía de que uno podrá relacionarse exitosamente con los demás niños, a la sazón mayores que uno, y más experimentados, teniendo como tenía la mayoría, hermanos, una cosa que yo jamás había visto.

2. Otoño/Invierno de 1983: la primavera alfonsinista aún no debía sentirse en el aire, porque la Srta. Cristina Paredes, mi maestra de 2ºB, todavía aplicaba una pedagogía bien propia del Proceso. A saber, mandarlo a uno a la Dirección, y por sobre todo, atizar una gruesa y larga regla de acrílico sobre un escritorio endeble, que quedaba temblando como un flan por unos diez segundos aprés golpe, supongo que con el fin de estimular a los párvulos. Ahora me doy cuenta de que la regla no tenía más de 30 centímetros de largo, pero 30 centímetros, a los siete años, se ven como una cuarta parte de la propia anatomía. Yo era entonces una niña tímida y sensible (digo, para los que me conocen de ahora, nomás) y estaba aterrada de ese instrumento endemoniado (la maestra, no la regla, claro está). Entonces, nunca terminaba mi tarea a tiempo. Resultado? Sep, al psicólogo. Que su hija no es normal. Cara de Madre horrorizada. Cara de Padre resignado, ya curtido por un largo catálogo de patologías de sus retoños anteriores, pensando: otra más. Entrevista con otra susodicha, dibujame esto, mirá acá, hacé esta cuenta. Puntuación media del Test de Rorschach superada con creces; desconcierto parental y escolar. Psicóloga absolutamente inútil. Siempre fui un enigma.

3. El resto de los psicólogos (hombres) que he conocido a lo largo de mi vida fumaban en pipa. Me parece que confunden a Freud con Sherlock Holmes. Después de todo, en ambas narrativas hay siempre un culpable. Lo extraño es que Conan Doyle no tenía una madre judía.

4. Otoño de 1992: Antaño creíase que los niños se sentían culpables del divorcio de sus padres. No sé de dónde provenga semejante burrada, pero yo sabía bien qué clase de entuertos se cocían en mi casa, y no eran mi culpa. Mi madre, sin embargo, parecía adscribir a la teoría de marras -un poco eso y un poco que la que ameritaba cantidades industriales de prozac era ella pero no estaba dispuesta a admitirlo- y por transitividad me depositó con puntería en lo de esta chica, que no fumaba en pipa pero leía a Joyce, cosa que la hizo un poco más simpática a mis ojos. Igual, que me cayera simpática no quiere decir que tuviera ningún derecho a inmiscuirse en mi vida. Yo la miraba, ella me miraba, nos sosteníamos fijamente la mirada durante los 45 minutos que duraba la sesión. El truco estaba en ver quién se cansaba antes. Me cansé yo. Me harté, planté bandera y le dije a mi madre que ya no más. Madre sigue creyendo que tengo serios problemas. Y que los psicólogos funcionan con los demás, no con ella.

5. Diciembre de 2001, días antes del Cacerolazo. Fiesta encantadora, mucha brillantina, espirituosas, adrenalina. Gente navegando en olas de felicidad. Comienzo del período más tarde conocido como Las Dos Semanas de Fiestas (durante las que el derrocamiento presidencial fue casi un evento más). Algo así como nuestro Período Azul. Lomito al Champignon -así le decíamos de lo bueno que estaba-, flamante Licenciado en la dudosa disciplina me arrincona a una situación más bien poco decorosa, de la que salgo estúpidamente mal parada. Lamentaré durante largos años este momento. Diantres. Si hasta ahora todas mis experiencias con psicólogos habían sido estrictamente inútiles, este psicólogo en particular sólo empeora las cosas: no sólo no me resuelve ningún trauma, sino que me crea nuevos.

En fin, F, me voy a por un terapéutico tintillo. Salud!

noviembre 07, 2007

Este blog está hecho 100% con material reciclado

Vuelve, todo vuelve: volvió la palabra gorila. Este blog predice: se viene el comeback de psicobolche.

noviembre 02, 2007

Palabras que ya no quiero escuchar

Kansas
civil
vestido de día
quinta
San Isidro
chiquita/o
alisado definitivo
jijijí
mi novio
team building
Pilar
pilates
training
sexandthecity
evento
concassé
stay safe
spinning

octubre 31, 2007

Fauna oficinalis

Mi nuevo jefe, el Sr Embutido, tiene muchas deficiencias intelectuales y cierta inclinación al melodrama. Anuncia cualquier inconveniente menor con un "¡Pasó algo terrible!", gesticula como si tuviera algún tic psicótico y no es capaz de decidir nada por sí mismo. Nadie lo toma en serio, aunque no creo que él lo sepa. Es terrible tenerlo como jefe, pero supongo que es algo más que un jefe: es una advertencia. Es un cartel desesperado que dice: mírenme y huyan. En esto se convertirán si se quedan en este lugar por demasiado tiempo. Definitivamente tengo que empezar a planear la salida. Sería terrible llegar a enterarse que uno es el hazmerreir público un día.

Mientras, me divierto jugando a la celestina. B y yo hemos tomado a dos futuros tortolitos bajo nuestra ala, y hemos decidido armar una parejita. Yo le doy instrucciones a él y B a ella. (Por qué a mi siempre me toca hacer de hombre? Hmm. Analizar.) Luego comparamos notas. Por supuesto que ellos no saben que las que escriben el guión de sus escarceos amorosos somos nosotras. A veces discutimos, ella quiere avanzar más rápido que yo. Zarpada. Pronto, un gesto por aquí, un regalito por allá, un par de citas... et voilà! Hemos formado una pareja.

Ah, qué feliz soy. Otro año, otra buena acción.

octubre 26, 2007

La diferencia entre Dorothy Parker y yo

es que yo no tengo este talento. Entonces consulto especialistas.

Ayer fui al psiquiatra. Una decepción, ciertamente. Esperaba algo de... rigor científico. Digo, después de todo, se supone que un psiquiatra es antes un médico, alguien formado en el paradigma popperiano-positivista, alguien que se guía por los fríos datos de la realidad material y objetiva. Si quisiera una versión Familia Ingalls de la vida, ya habría apoyado el trasero en un diván yo solita, sin necesidad de sugerencias.

En fin, una opción menos.

Pero qué cursi soy, meu Deus.

mayo 08, 2007

Son todas unas brujas


Sé que he llegado al punto más bajo de mi existencia cuando se me da por leer la Cosmo.
Cuando necesito que alguien me hable como si yo fuera una comehombres de segmento abc1 cuya mayor preocupación es la celulitis para sentir que pertenezco, sé que -nonono- he perdido el rumbo.

No sé qué piensan uds, pero yo tengo la sospecha de que la liberación femenina nos salió como el culo. Y no lo digo por aquéllo de que ahora las mujeres tienen dos carreras, la profesional y la de madre, no -o no sólo por eso-, sino porque da la sensación de que en realidad, de liberación, un carajo. Pasamos de estar presas de una imágen maternal, a estar presas de la imágen de perra cachonda. En todo el camino, seguimos siendo objeto de la mirada ajena (y masculina).

En fin, estas reflexiones me suscitaba la Cosmo. Y me sentí muy tonta por estar hojeándola. De inmediato sentí la necesidad de un buen coscorrón que me acomodara las ideas (o de una madre española, que es lo mismo) y muchos Elviralindos (c). Les recomiendo los Elviralindos especialmente, sea ud hombre o mujer.


En otro orden de cosas, novedad de novedades, parece que tengo poderes. Recién vueltas de nuestras minivacaciones, B desempaca en su nueva casa y encuentra con horror un bulto que parece contener los restos de un ritual pagano. Cosha golda. Que son hongos, que no, que son sahumerios, que le tiramos raid a ver si se mueren.

En medio de histeria de B pienso en conseguir un pai, un cura sanador, un fumigador de plagas, algo, no sé, algo que nos haga dormir tranquilas, pero son todas cosas inconseguibles un domingo a medianoche; entonces, a falta de recursos mejores, enciendo velas, pongo un cactus bonsai de centro de mesa, le digo a B que se concentre y entonces, entonces, entonces... ah! sobreviene la inspiración:

"Si hay algún mal espíritu en esta casa que el cactus lo absorba en una de sus
hojas y se desprenda de ella".


Muchas veces en la vida me ha pasado esto de abrir la boca sin saber qué va a salir de ella, y que las palabras que escucho me sorprendan hasta a mi. No sé a qué se debe, juro que no me automedico, no bebo -no más que cualquiera-, no veo Infinito, es una especie de breve posesión, es una fuerza que me habita y me hace decir pelotudeces. Deberé analizar.

Y entonces púmbate, no va y se le cae la hoja al cactus.
Dios mio.
Cuestión, que ahora todas las amigas de B me piden que les limpie la casa y les cure el mal de amores.

Justo yo. Ja.

abril 26, 2007

Cómo, cuándo, por qué

¿Cuándo es que uno lo sabe?

Alguien me dice que nunca tuvo amores imposibles. Que sólo se enamoró de quienes empezaron por quererla a ella. Es una verdadera suerte, tener un corazón que se va a adaptando a las circunstancias.

Alguien me dice que un día, después de un tiempo, simplemente lo supo. Que algo cambió de golpe, como activar un interruptor cerebral, como un sartenazo en el alma.

Sé de quiénes elaboran complejas analogías gastronómicas y postulan teorías respecto de cómo una milanesa puede tornar pato a la naranja con paciencia y un poco de empeño.

Otros me dicen que lo de ellos fue absolutamente natural, que a cada paso las cosas fueron sucediendo exactamente cuando y cómo debían, que el orden cósmico se rompería si ellos no estuvieran juntos.


Otro/as más salen en serie, fuman sin filtro potenciales parejas, flings, citas no muy citables, para concluir luego que no se conforman con ninguna.

Hay quien cruza el mundo entero en busca de un perfume.

Hay quien, no sin resignación, acepta su mano en esta partida.

Hay quien teme no llegar a saberlo nunca.

marzo 24, 2007

Ana Karenina

Después de 12 años he decidido terminar de leer Ana Karenina.

No entiendo por qué lo que antes me aburrió, lo que consideraba cierta zoncera de los personajes, cierta excesiva naivete, la sensiblería empalagosa, ahora no me molesta. Me he vuelto más compasiva con los años, me parece. Puede que sea bueno. En la vida, digo.

No estoy segura de que eso sea del todo bueno para mi criterio literario.

febrero 09, 2007

Gente alrededor

Siento que estoy mutando de entorno social y no me agrada. Siento que me estoy emboludeciendo.
Extraño ser menos normal.

Anteanoche soñé con mi ex amiga M. Es increíble lo mucho que me irrita, aún en sueños.